A lo largo de mi trayectoria he tenido la oportunidad de trabajar e interactuar con un gran número de organizaciones. Cada una de ellas tenía sus peculiaridades, que no son otras, que las de los líderes de las mismas, puesto que al fin y al cabo, ¿qué son las empresas sino personas?¿quiénes marcan la diferencia, sino son los líderes?

De toda esa cantidad de empresas siempre se me ha quedado un impresión general, algo así como el “resumen ejecutivo” con el que describirías, en una sola palabra, la sensación que te ha dejado esa interacción, más o menos larga, más o menos intensa.

Tras mucho pensar en ello, al final, me he dado cuenta que uno puede saber con el tipo de organización con la que trabaja, simplemente, atendiendo a dos variables que componen lo que yo denomino el modelo de las 2 C’s: su corazón y su cartera. Me explico.

La primera C: el corazón

El corazón representa todos esos valores intangibles que la organización posee y que en el fondo, hace que sea lo que es, y no otra cosa. Ese corazón constituye el núcleo de lo que le hace ser única, inconfundible y diferente del resto. Cuanto más corazón, más atractiva para todos, puesto que lo que nos mueve es lo que nos cualquier cosa es lo que nos hace sentir.

Ese corazón se hace tangible y cobra vida en tres elementos distintos, que (lo prometo) desarrollaré en los siguientes posts:

  • El propósito,
  • el credo y
  • la visión

¿Porqué es importante el corazón? No por nada romántico ni idealista, sino por algo muy materialista.

El corazón inspira, y desde ahí, cualquier miembro de la organización se siente empoderado para tomar decisiones alineadas con el propósito, el credo y la visión. Alineación.

Ese corazón inspirador hace que todos las personas de la organización (¡qué son las organizaciones sino personas!) contribuyan al conjunto con el máximo de sus dones y talentos. Rendimiento.

Desde el corazón, no hay mentira ni confusión. Sólo transparencia y ganas de avanzar en una dirección común. Errores, sí (siempre los hay), nunca mala intención. Consecuencia: menos control, menos estructura, menos rigidez, menos costes, más creatividad.

La segunda C: la cartera

Suena muy mal lo de tener beneficios. Desafortunadamente, en el subconsciente colectivo se une (y confunde) la palabra beneficio con codicia.

Una cosa es tener una ambición iluminada (los recursos económicos son necesarios para que toda organización funcione, es lo mismo que la gasolina para el coche) y otra muy diferente es que lo único que importe (a costa de lo que sea o quien esté) sea el dinero. La cartera.

Tener una empresa económicamente saneada es la que permite lanzar nuevos proyectos, pagar el sueldo de los trabajadores, generar riqueza en el entorno, extender una manera de hacer las cosas más allá de la propia organización.

El tener beneficios no es el fin (majadería habitualmente enseñada por las escuelas de negocio en el primer minuto de un MBA tradicional), sino un medio para servir a un fin superior.

No es casualidad que para hablar de “la cartera” haya economistas, contables, sistemas ERP, analistas, …. pero para hablar del corazón, ¿qué puestos hay en la organización?¿quiénes se ocupan de esto?¿cuantas decisiones del día a día las dicta el corazón y cuántas la cartera?

 

¿A qué tipo de organización sirves?

Tomando el corazón y la cartera como base, podemos clasificar las organizaciones (ya sean organizaciones completas o partes/departamentos de ellas) en cuatro clases:

  • Organizaciones conectadas: aquellas en las que el corazón y la cartera son tenidas en cuenta por igual. Son empresas muy humanas que producen beneficios económicos. Atraen  y retienen talento,  ofreciendo servicios y productos que enamoran a sus seguidores, por lo general, legión. Organizaciones plagadas de líderes, sea cual sea su título o posición en un organigrama, en caso de que dicho organigrama exista. La democracia de las ideas está muy por encima de la jerarquía y la pasión, la creatividad y la actitud son las más apreciadas de las habilidades.

 

  • Organizaciones eficientes: aquellas en la que la cartera está bien llena, pero el corazón, está vacío. Tan precisas y eficientes como relojes suizos, tan frías y distantes como el hielo. Mueven la mente, pero no el corazón. Atraen talento, pero ni lo retienen por mucho tiempo, ni permiten que se exprese, dado que las estructuras, normas, procesos, jerarquías y demás elementos típicos hacen que poco a poco, el alma de las personas se quede a las puertas de la entrada. Son organizaciones tan pobres que sólo tienen dinero. Organizaciones dirigidas por grandes gestores con poca humanidad.

 

  • Organizaciones fantasma: no se me ocurría mejor nombre. Están muertas, aunque no lo saben. Organizaciones con un gran propósito que mueven los corazones, pero con una gestión tan pobre que hace que su cartera esté vacía, dependiendo siempre de otros que paguen sus facturas. Mantenidas por la caridad en lugar de por la valía del propósito propio. Organizaciones que entusiasman, pero que generan deudas y escasez a su alrededor. Organizaciones dirigidas por personas con buenas intenciones, pero poca visión de negocio.

 

  • Organizaciones errantes: ni corazón, ni cartera. Cada día es una yincana para saber qué es lo que hay que hacer o sin otro sentido más allá de acabar el día.  No hay una dirección clara, sino que queda al (cambiante) estado de ánimo del jefe de turno, y donde los problemas de organización, se suelen mezclar con la burocracia, el “ordeno y mando” y los pobres (sino paupérrimos) resultados. Organizaciones que “trituran” la moral de los empleados, simples piezas de un engranaje oxidado. Organizaciones cuyo único propósito es sobrevivir.

 

¿Y cómo transitar de uno a otro tipo?

Estos son los cuatro tipos extremos de organizaciones: en el mundo real no existe ninguna que se adapte al 100% a cada tipo, puesto que la organización en su conjunto, o algunas partes de la misma, tienen una tendencia más marcada en uno u otro de los sentidos de esta clasificación de las 2 C’s (Corazón y  Cartera), por lo que estoy convencido que de una u otra manera, te habrás visto reflejado en alguna de ellas.

La empresa a la que todos aspiramos es esa empresa conectada.

Para llegar a ella, la empresa fantasma han de materializar su propósito, haciendo que la organización cuide la gestión, particularmente, la económica.

Las empresa eficiente ha de poner alma y corazón para pasar a ser una organizaciones conectadas. Humanización de su negocio. Pasar del alma de un contable, al alma de un artista, sin olvidar la mente de un ingeniero.

Las empresas errantes han de reinventarse partiendo de aquello que hizo que se creasen. Poner corazón y orden, partiendo desde la esencia que hizo que la organización cobrase vida.

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Me encantaría saber qué opinas de esta clasificación y de lo expresado en este post. Compártelo con el mundo. Tu opinión, importa. Gracias.

 


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