coaching ejecutivo

10 barreras que impiden que tu empresa crezca, y que superarás con el coaching ejecutivo.

1.- Falta de toma de decisiones. No tomar decisiones es ya una decisión. Sin embargo, esperar que las cosas se resuelvan por si solas, habitualmente, no es una gran estrategia si se desea llegar a una determinada meta.   La falta de decisiones en los líderes de la organización suele tener por debajo un componente común: el miedo (en alguna de sus diferentes versiones). Miedo a equivocarse y las consecuencias que acarrearía; miedo a hacer el ridículo, miedo a exponerse, miedo a acertar (sí, ese también existe), miedo a destacar …   Todos esos miedos son irreales (los peligros son reales; los miedos, los crea la mente), por lo que el coaching ejecutivo baja a los puntos ciegos que operan en el inconsciente de la persona, para poder cambiar esa lógica de miedo sustituyéndola por otra, más acorde con la de un auténtico líder.

2.- Actitud generalizada de victimismo. Cuando las conversaciones que se escuchan giran siempre en torno a “el otro” (lo que ha hecho o no ha hecho tal colega, la crítica, el juicio constante, la sensación de que “todo el trabajo me cae a mí, mientras que el resto no hace nada …..), la sensación general de victimismo y de que “todo está mal” por culpa de alguien, se apodera de la organización.   El resultado final que se refleja en el balance es de resultados mediocres, o directamente malos, no por casualidad, sino por causalidad (pensar con mentalidad de escasez, atrae más escasez).   Aquí, el coaching empresarial trabaja con la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos sobre nuestros pensamientos, palabras y acciones, “quitando de la escena” a todos los demás y focalizando todo lo que ocurre sobre cada persona de la organización, puesto que … ¿qué es una organización sino un conjunto de personas?   Cambia la actitud de cada persona y cambiará la actitud de la organización. Cambia la actitud de la organización y cambiarán sus resultados.

3.- Los reinos de Taifas.  Organizar el trabajo en torno a departamentos es una manera de gestionar que cada vez más en desuso. ¿Porqué? Porque cada departamento tiende a ver solamente aquello que puede controlar, perdiendo la visión final del resultado de su trabajo.   Conclusión: cada departamento trata de ser lo más eficiente posible en su área, no siendo esto en muchas ocasiones, lo más eficiente para el conjunto de la organización. Recuerdo el caso en una gran organización en la que la optimización de transporte (algo deseable, que implica un menos coste económico y reducción de la contaminación para el medio ambiente) conllevaba un mayor tiempo de entrega para productos que los clientes estaban esperando, con la consiguiente pérdida de ventas.   El trabajo, desde el coaching ejecutivo es facilitar el diálogo entre partes de la organización para poner el propósito común de la organización por encima de los intereses particulares.   Los datos demuestras que un equipo cohesionado rinde hasta un 28% más. Una organización con una “buena salud” (sin el cáncer que representa las luchas de unos departamentos contra otros), tiene hasta un 18% mas de EBIDTA que otra con los clásicos males de la gestión.   De nuevo, una actitud de liderazgo, donde se antepone el bien común frente a intereses particulares.

4.- Mirar continuamente a la competencia. Conocer qué hacen otras organizaciones que están en tu sector, es perfecto. Estar mirando constantemente qué hacen los demás, implica que el foco no está puesto donde realmente tiene que estar: en los propios recursos y la propia trayectoria de la organización.   La clave para poder crecer está ser genuino. Copiar solo te llevará a ser el segundo (con suerte). Copiar barato, normalmente, te llevará a la ruina.   El coaching empresarial trabaja con la esencia de la organización: qué es lo que constituye el alma y corazón de la empresa, y cómo se traduce posteriormente en productos y servicios que inspiren a sus clientes y usuarios frente a otras opciones. Mover el corazón y no solo la mente.   5.- Tomarse las cosas “demasiado en serio”. No quiero decir que todo sea una broma, pero es más que frecuente ver caras serias y crispadas, en lugar de personas relajadas y centradas en su trabajo.   Cuando conducimos un coche con niebla, conducimos crispados y tensos. El cansancio es mayor y no disfrutamos del viaje. Cuando el día es soleado, el efecto es el contrario. ¿Desde cuándo la crispación y la tensión conducen en las organizaciones a mejores resultados a medio y largo plazo?   Aquí, el coaching ejecutivo sirve a la organización para encuadrar en su justa medida lo que realmente es crítico y lo que no.   Vemos la vida como somos (no como es). Si estamos estresados, todo nos estresará y será un desgaste. Si tenemos un visión más amable, todo fluirá, llevando a unos resultados muy superiores a los que se consigue con el esfuerzo.   6.- Demasiados proyectos al mismo tiempo. En muchas organizaciones se vive en una constante “avalancha de iniciativas”. Parece que si se está embarcado en montones de proyectos, no se está haciendo nada.   Sin embargo, el exceso de proyectos (con la sana y excelente intención de crecer), lleva aparejado un problema: la falta de foco, y la falta de foco, lleva a una pérdida enorme de energía y de resultados para la organización.   De nuevo, la clave está en encontrar el tema clave (uno, no más) en el que la organización se volcará, para poder avanzar, y el coaching ejecutivo sirve a la dirección para encontrar ese tema y lograr que todo el equipo de dirección se comprometa, de verdad, para sacarlo adelante.

7.- Olvidarse de las personas. Ya sean clientes, trabajadores, proveedores, …. las empresas que se olvidan de las personas, están condenadas a la mediocridad.   La realidad es respuesta: las empresas que además de decir que sus empleados y clientes son la prioridad, ponen todos los medios y organización para que sea así, son las que realmente obtienen resultados sobresalientes.   ¿Y cuándo se sabe si una empresa realmente pone a las personas por delante? A la hora de tomar decisiones difíciles. Cuando, por ejemplo, se decide externalizar una producción para mejorar el beneficio, aunque suponga el despido de una parte de la plantilla. O bajar la calidad del producto final (sin bajar el precio), a expensas de la satisfacción del cliente.   El coaching empresarial pone sobre la mesa la realidad, sin filtro, para que las decisiones estén alineadas con el corazón de la organización, y no solo con la parte económica (necesaria, pero no única ni suficiente). La realidad es respuesta.

8.- La ley del silencio. También denominada “omertá”, entre la mafia italiana, es esa regla no escrita en la que todo el mundo calla, para mantener la paz. “Yo no hablo si tu no hablas”, que traducido al mundo empresarial, es algo así como “yo no destapo tus vergüenzas si tú no destapas las mías”.   El efecto de la omertá en la empresa es el mismo que el del estancamiento en el agua: se pudre. Las situaciones se hacen cada vez más irrespirables, y palabras como inspirar, propósito, belleza o amor (poco utilizadas en general) dejan de formar parte del día a día.   El coaching ejecutivo trabaja sobre la comunicación no violenta y los miedos a la hora de expresar la visión de la realidad. En el fondo, se trata de comunicar desde el corazón.

9.- Falta de claridad. La claridad atrae claridad. La claridad proviene de la coherencia y la coherencia, siempre es abundancia.   Cuando en las organizaciones no hay claridad sobre quien hace qué, o para qué se hace lo que se hace o a quien recurrir en caso de tener que gestionar lo urgente (que en mayor o menor medida existe), el resultado es como una máquina que en lugar de estar perfectamente engrasada, lo que tiene es “arenilla” entre sus piezas. Finalmente, colapsa.   La clave, para la que hay que tener una gran valor en los puestos de dirección, es la de la transparencia: cuanta más transparente sea la organización, más claridad sobre las áreas que necesitan atención y por lo tanto, mayor velocidad a la hora de crecer.   En este caso, el coaching con el equipo de dirección se centra en que cada miembro del mismo pueda vencer el miedo a ser vulnerable.

10.- Y por último, pero no menos importante, el mayor riesgo. Que no es otro que no es otro que no arriesgar. En un entorno cada vez más volátil, incierto, complejo y ambiguo (las famosas siglas inglesas “V.U.C.A”), el mayor riesgo es hacer las cosas como siempre las hemos hecho, por no arriesgar.   Si en lugar de fluir con la realidad, nos empeñamos en mantenernos “contra viento y marea” en nuestras posiciones, al final seremos arrastrados por la corriente. Así de sencillo.   En el entorno actual, todo cambia muy deprisa y querer el control y las seguridad de antaño, no es una opción válida.   Conocer las fortalezas y las aumentar la confianza del grupo, extendiendo actitudes de liderazgo en cada una de las personas de la organización es lo que único que prepara a las organizaciones (es decir, al conjunto de personas que las integran) para acometer un entorno tan complejo, como apasionante.   ¿Te ha resultado interesante este artículo?

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