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10 mentiras que arruinarán tu liderazgo

Todos nos mentimos. A veces con pequeñas “mentiras piadosas”, a veces con grandes mentiras encubiertas de buenismo… pero todos nos mentimos. Cuando se trata de liderazgo, los líderes también… pero un poquito menos, o mucho menos que el resto.

¿Y porqué nos mentimos (y mentimos a otros)? Pues por una razón muy básica: para no tener que sentir la emoción que nos produce decir verdad.

Un ejemplo: si tengo que decir NO a un proyecto que me propone mi jefe, puede que automáticamente piense en las hipotéticas consecuencias de mi negativa (¿Seré relegado en la oficina? ¿Me quedaré sin bonus? ¿Entraré en la “lista negra” de los prescindibles?), por lo que mi cuerpo se conecta con la sensación de miedo y mi mente comienza a tejer todo tipo de “razones” (también las podemos llamar, amigablemente, excusas) para acabar diciendo sí, a lo que realmente siempre quisimos decir no.

He recopilado 10 de esas mentiras que a lo largo de mi carrera yo mismo he empleado en alguna circunstancia, o que mis clientes, en mis sesiones de coaching ejecutivo, me transmiten.

La lista podría ser interminable, pero desde luego este es mi “top 10” de excusas que la mente inventa para tratar de vivir de manera más cómoda… y ya se sabe, la comodidad no es una de las características de los líderes, sino más bien, de los que deciden no tomar las riendas de su vida.

10 excusas que no ayudarán a tu liderazgo

1.- Lo tengo todo bajo control.  

Esta es una de las típicas ilusiones del liderazgo: pensar que todo va por donde debe ir, que no va a haber sobresaltos o que “de repente” (cuidado con esas dos palabras) no va a aparecer algo que haga que un proyecto “salte por los aires” o que alguien “se sienta ofendido” por lo dicho o hecho… y que en caso de que algo se desvíe, se encontrará la manera rápida de poner de nuevo la situación bajo control. Lo único cierto en este entorno V.U.C.A (volátil, incierto, complejo y ambiguo) es que la incertidumbre y la sensación de control son tan solo un engaño de la mente para acallar el fantasma del miedo a lo desconocido.

2.- Los resultados son lo único que importa.

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Aún siendo extremadamente importantes los resultados, la manera en la que se consiguen no lo es menos. El cortoplacismo de conseguir resultados “a cualquier precio”, suele comprometer la visión a largo plazo. Hacer “lo que sea” con tal de llegar al objetivo, suele tener efectos devastadores sobre la marca personal del líder.

3.- Porque nos saltemos las normas una vez, no pasará nada… todo el mundo lo hace.

Esta es una de las semillas más peligrosas de la mediocridad. Es como comenzar a deslizarse por una ladera helada: en el momento en el que das un paso, caer es cada vez más sencillo, y volver a la cumbre, cada vez más difícil. El “saltarse las normas” sienta un precedente muy peligroso que no suele pasar desapercibido para aquellos que creen salir ganando con esa transigencia.

4.- Si tuviera otros medios, otros colaboradores, otras circunstancias… todo sería más sencillo.

Típico lenguaje victimista: si el mundo fuera de otra manera, me iría fenomenal, pero como tengo “la mala suerte” de que me ha tocado esto, no puedo hacer más. Un líder jamás (repito, jamás) se queja de aquello que le ha tocado.

De hecho, “exprime” cada problema que se le presenta, para encontrar una solución retadora, algo que quizá antes nadie había probado. Desde luego, quien pone excusas a sus fracasos, debería excusarse por sus éxitos. Un líder de verdad, un líder interior, siempre actúa con lo que tiene en cada circunstancia.

5.- A veces hay que comprometer nuestros valores por el bien del negocio.

Es lo que habitualmente se denomina “business decision”: se pone en una balanza la misión de la empresa, los valores, la visión de futuro (todos ellos intangibles) frente a la pérdida (o ganancia) económica a corto plazo de tomar una determinada decisión (lo tangible).

¿Quién gana habitualmente? La decisión cortoplacista… pero claro, decirlo así es demasiado crudo, por lo que los líderes “de todo a cien” deciden llamarlo “business decision”. Los auténticos líderes saben cuándo no se pueden comprometer los intangibles del negocio o, si deciden comprometerlos, saben afrontar tanto la comunicación (el para qué se hace) como el plan de acción, para que no vuelva a repetirse esa circunstancia.

 

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6.- Aquí no vengo a hacer amigos.

¿Entonces a qué vienes? ¿A hacer enemigos? Normalmente esta frase esconde la incapacidad del líder para gestionar sus propias emociones, o mantener conversaciones emocionalmente intensas.

No se trata de hacer amigos, sino de que el resto de las personas confíen en ti.

Se puede ser firme defendiendo una determinada manera de hacer, y ganarse la confianza de aquellos que no concuerdan con esa forma de hacer. No es cuestión de caer bien a todo el mundo (eso es imposible), sino de respetar a todo el mundo, comenzando por uno mismo. El hombre que no se fía, no es de fiar (como dice el refrán).

7.- Si muestro lo que siento, me considerarán un débil.

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La vulnerabilidad es la puerta de entrada a la fortaleza emocional. El líder que se muestra vulnerable es mucho más fuerte que aquellos que se recubren con una coraza, en la falsa creencia de que eso les hace mejores líderes. Para ser un líder auténtico hay que ser muy humano, porque solo cuando se es muy humano (con nuestras torpezas y limitaciones) es cuando el resto reconoce esa conexión con el líder.

 

8.- Solo tengo tiempo para cosas importantes.

¿Y quién determina lo importante? ¿Tú? ¿U otros por encima de ti en el organigrama? ¿O lo determinan tus intereses por conseguir algo? Habitualmente el problema no viene de la gestión del tiempo, sino de la no gestión de las emociones: decir NO a algunas cosas, para poder decir SÍ a otras requiere de coraje, mucho coraje, por lo que es más sencillo adoptar el disfraz de líder hiper-ocupado, que de ocuparse de lo que es realmente importante.

Recuerda: en lo no-importante está lo importante: el cuidado de los detalles es lo que distingue al mediocre del excelente, por lo que prestar atención a eso que el resto no le suele prestar atención es lo que determina la excelencia en el liderazgo.

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9.- ¿Por qué tengo que escuchar a los que me critican?

Rodearse de un grupo de fieles seguidores, que constantemente “alaban” las decisiones del líder, es una de las tentaciones que más seducen al líder. Sin embargo, liderazgo no es popularidad; liderazgo es responsabilidad. Nada que esté en tu zona de confort te va a dar nada importante, por lo que escuchar solo a un grupo de incondicionales, no va a confrontar tu visión del mundo (porque recuerda, vemos el mundo como somos, no como es) con otras visiones que puedan enriquecerlo.

10.- Si viene un problema, ya sabes: “patapum p’arriba”.

Esta es una manera muy “básica” de jugar al fútbol: si te llega el balón le das una patada hacia la portería contraria… y si sale con barba, San Antón, y si no, la Purísima Concepción, es decir, donde vaya a parar el balón no es importante.

En este engaño de la mente, la clave es quitarse los problemas de encima, de la manera que sea, para no tener que lidiar con todo lo que ocurre cuando un líder se ocupa de algo. Ocuparse de algo tiene un gran “problema”: la responsabilidad es de quien hace algo. Los que no hacen nada, los del “patapum p’arriba” (que son los que habitualmente se preocupan, pero que jamás se ocupan) simplemente se dedican a surfear entre problemas. Los auténticos líderes, son aquellos que siempre, y en toda circunstancia, escogen accionar, siendo responsables de cada uno de sus actos.

 

Si de verdad pretendes liderar, no puedes permitir que estas mentiras formen parte de tu vocabulario. Conecta conmigo y te ayudaré a eliminarlas y descubrir ese Líder Interior que tienes dentro de ti.

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