coaching ejecutivo superación liderazgo

Admitir. Agradecer. Confiar

El 4 de enero de este año vi la película documental “ULU. Un Latido Universal”, la cual me tocó profundamente al ver cómo muchas personas de muy diversos lugares, ocupaciones, trayectorias vitales, tenían un nexo común que en mi resuena con fuerza: seguir el dictado de su corazón. (Nota: Os dejo el enlace para aquellos que aún no hayan visto este film, el cual, de verdad os recomiendo http://www.unlatidouniversal.org/video.html)   Al terminar de ver el film la primera vez (ya voy por la cuarta …) me dije: “Me encantaría conocer, algún día a Joan Muñoz”, su autor. Y ahí quedo la cosa. O eso creía yo. Hace un mes, me incorporé en un evento de networking y como recién llegado al grupo, la primera pregunta era obligada: “Y tú … ¿a qué te dedicas?” Mi respuesta inmediata fue: “Lanzo mi proyecto para vivir de lo que me gusta: el coaching, la consultoría y la formación”, y la persona que me preguntaba me dijo: “Eso sí que es una suerte, porque hoy en día casi nadie hace lo que le gusta. Con la que está cayendo, con tener trabajo es más que suficiente”. Y ahí quedo la cosa. O eso creía yo.   Hace un par de semanas, asistí al evento de moda sostenible organizado por Slow Fahion Next, en el que todo un elenco de expertos hablaba de otra manera de hacer las cosas. Frente a la inconsciencia que nos gobierna, la coherencia de comprar artículos de moda con unos determinados atributos que van más allá de la estética. El “slow” frente al “fast”. Charlando con Gema Gómez, organizadora del evento, de repente, aparece delante de mí Joan Muñoz, uno de los ponentes del evento. Le dije, sin reflexionar ni un instante mis palabras: “Me ha encantado ULU. Tienes que conocer a mi compañera, Almu, y sacarnos juntos una foto”. (Nota: esto, habitualmente, me da una vergüenza horrible).

Nunca hubiese imaginado que en tres meses pasase de ver a Joan en un documental, a compartir una charla con él. Las cosas suceden de la manera más inesperada.

Joan, inmediatamente, accedió a buscar a Almu, mientras charlábamos un poco de nuestra manera de entender la vida, y de conocer a otras personas que, por ejemplo, hacen joyas con los huesos de los dátiles. Y a sacarnos esa foto. Los 15 minutos de exposición de Joan en el escenario de las jornadas de Slow Fashion Next fueron magnéticos. No había una presentación preparada al uso (con transparencias, videos y esas cosas que tanto me gustan a mí), sino que fue como una conversación, en la que Joan introdujo elementos que habían sucedido unos minutos antes en ese corto paseo compartiendo charla.

Ahí comprendí que más allá de la preparación o los medios técnicos de una charla, lo que llega es la autenticidad que transmite el ponente.

Y ahí quedo la cosa. O eso creía yo.   Porque lo mejor estaba por llegar. Al día siguiente, domingo, Joan nos invitó a participar con un grupo de personas en una charla con U.L.U como centro de conversación.
En la cafetería del Círculo de Bellas Artes, 11 personas que no nos conocíamos de nada, compartimos un poco de lo que era nuestra vida. Pero no una “presentación ejecutiva”, sino una charla sobre nuestras historias, en algunos puntos muy personal. Cómo se había conocido una pareja que estaba allí, o cómo personas del otro lado del Atlántico habían llegado a España, o incluso, la sensación de dolor tras la pérdida de un hermano o una madre.   Tengo que admitir que nunca había abierto mis sentimientos, de manera tan profunda, ante un grupo de desconocidos. La “magia” de hablar desde el corazón. La grandeza de no tener que sujetar ningún estereotipo de perfección, sino de simplemente, SER como soy.   Particularmente, me gustó mucho la historia de Marta: una funcionaria que dejó todo un día y se fue a viajar por todo el mundo (y a día de hoy, lo sigue haciendo). Dejo todo y se fue.   Eso, que puede parecer idílico, no lo es tanto. Nos contaba como en alguna ocasión había dormido “al raso”, con solo un poco de comida para esa noche. Los miedos que, como a todos, le atacaban en ocasiones. Pero también, cómo de la manera más inesperada, cuando necesitaba dinero, aparecía. Cómo se dejaba guiar por esa fuerza interior que la mueve, sin que eso le diese garantía de nada. Sólo de que hacía lo que realmente quería hacer.   Para mí, admirable la valentía de abrirse a lo que la Vida le traía en cada momento. Y aquí vuelvo al punto de partida: esa frase de “hoy en día casi nadie hace lo que le gusta”.

No hay mucha gente que tenga el valor de hacer lo que realmente quiere hacer. Por miedos, claro está. Los que tenemos miedos (yo levanto la mano también), muchas veces utilizamos la palabra mágica para acallarlos: mañana. Mañana haré esto. Mañana haré lo otro. Ojalá ese mañana, un día, se convierta en hoy, antes de que la vida pase.

Para eso, el primer paso es admitir ese miedo. Ni luchar contra él, ni tratar de vencerlo o racionalizarlo. Sólo reconocerlo: “No hago esto porque tengo miedo a ….”.  Como dice Emilio Carrillo en ULU “Tu corazón es libre. Ten el valor de hacerle caso” (él lo explica mejor que yo, con lo que os vuelvo a recomendar ver U.L.U).   El segundo es agradecer. Agradecer cada cosa que te ocurre porque, aunque no sepas, todo tiene un propósito. Agradecer, no de cabeza, sino sintiendo de verdad el agradecimiento. Esa actitud no es la de un “pensamiento positivo” en que el que como Polyana, cualquier tragedia es algo bonito. Un agradecimiento sincero, a pesar del dolor que una situación te trae, porque ahí, seguro hay un gran aprendizaje para ti.   El tercer paso es confiar. Decir SÍ a lo que realmente quieres y tener la confianza absoluta de que llegará. Que saber ni cómo, ni cuando, pero confiando plenamente en que llegará. Duro, cuando tus sentidos (lo que ves, lo que tocas, lo que oyes, …) te dicen otra cosa …. Por eso, tan pocos viven como desean: porque primero es necesario creer antes de ver. Sentir que ya está aquí una realidad que deseas, antes que pueda tocarla.   Continuará ….


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