coaching empresas formar equipos de éxito

¿Cómo saber si tu negocio necesita coaching para empresas?

El coaching ejecutivo es una disciplina que está teniendo un enorme crecimiento en los últimos años.  Si a nivel personal, el coaching deportivo es una realidad muy extendida (con aplicaciones que te permiten escoger a al entrenador que mejor se adapta a tu necesidad), a nivel empresarial, el coaching para empresas está cada día más extendido entre los altos directivos y los mandos intermedios.

Haciendo un paralelismo entre el coaching deportivo (ese entrenador que te acompaña, aportando su conocimiento, para conseguir aquello que te propones), y el coaching empresarial (o ejecutivo, o profesional, o directivo…. cualquiera de estos términos se utiliza indistintamente), en este caso el coach acompaña al directivo, o grupo de directivos para crecer en su organización o bien, para desbloquear situaciones “cargadas”.

Coaching ejecutivo ¿Por qué?

Siguiendo con el símil entre el mundo deportivo y el empresarial, si no hay resultados, da igual si se ha jugado bien o no. Una sensación de insatisfacción, se instala en el grupo. Los espectadores, la afición se queja.

En el mundo empresarial, la “afición” son los accionistas, los propietarios, los clientes, …. que quieren ver que la marcha de su “equipo del alma” (y de su bolsillo, por qué no decirlo) es buena, o muy buena.   Aquí es donde entra el coaching ejecutivo: su razón de ser son los resultados que se producen en las personas y en la organización.

¿Qué es el éxito empresarial?

Sea cual sea la definición de éxito, todo el mundo desea alcanzarlo en su vida, por lo que contratar a un profesional que pueda inspirar a la organización a entregar lo mejor de si para alcanzar ese éxito, no tiene precio.

coaching ejecutivo líderUna organización no es más que un grupo de personas, trabajando en una determinada dirección (mejor, cuanto más clara). Las empresas que alcanzan resultados sobresalientes lo saben perfectamente: todo lo que ocurre, los resultados que se pueden ver desde fuera de la misma, se han gestado dentro la organización.

Si las personas funcionan, la empresa funciona. Si las personas fluyen, la empresa fluye. Si las personas están implicadas, el cliente percibe esa implicación y la organización consigue resultados sobresalientes. En caso contrario, los resultados son mediocres, o directamente, malos.

En cualquiera de estas circunstancias, el coaching ejecutivo trabaja con el único activo realmente valioso de las organizaciones: las personas. No me cansaré de repetirlo: en las empresas solo importan las personas que las constituyen.

Los dos “para qué” (o los dos casos para recibir coaching ejecutivo). Comentado casos con otros compañeros (sí, compañeros, no “competencia”, dado que eso no existe en profesiones como la del coaching donde nos dedicamos al servicio a las personas) de para qué las organizaciones contratan coaches, la conclusión a la que llegamos es muy simple (como casi todo en la vida): una empresa accede a los servicios de coaching ejecutivo o bien, porque las cosas “le van bien” y desea crecer, o bien porque las cosas “le van mal” y desea cambiar la situación.   Así de simple: o una u otra opción.  

Primer Caso: “Quiero recibir coaching ejecutivo para crecer”

Este es el primero de los casos: el deseo de crecimiento, desde una ambición iluminada. Y me explico: ¿Quién dijo que el dinero era malo?¿Desde cuándo tener solvencia económica para llevar a cabo proyectos al servicio de los demás está mal vista?¿Acaso preferimos que una empresa sobreviva con lo justo, y a la mínima tenga que despedir trabajadores o disponga de activos suficientes para asegurar el trabajo (y el sueldo de sus empleados)?   Esa ambición iluminada no trata de acumular por acumular, o simplemente, conseguir más dinero, más beneficios, sino para cumplir con un propósito de servicio a los demás.

Solo cuando se da el crecimiento de las personas, se puede dar el crecimiento de la organización. Y aquí es donde el coaching ejecutivo cumple una misión clara: las primeras personas que primero han de dar ese salto cuántico, son los ejecutivos. Si los directivos de la empresa no crecen, no pueden pedir crecimiento a sus equipos. Aquel que no se aplica lo que predica, no es maestro para nadie, por lo que el primero que el equipo de dirección senior es el que debe mostrar una nueva manera de entender las cosas, para poder dirigir al resto de la organización.

Coaching para empresas: ¿en qué consiste?

coaching para empresasEn este caso, el coaching empresarial se centra en desbloquear una serie de emociones y creencias que han llevado al ejecutivo (o al equipo de dirección, dado que hay coaching individual y en grupo) hasta un determinado nivel.

Si se desea subir hasta otro nivel, se necesitan otras lógicas diferentes, otra manera de ver las cosas. Vemos el mundo como somos nosotros, no como es. Cambiando nuestra visión del mundo, es cuando el mundo cambiará.   Si queremos añadir agua en un vaso que está lleno, la única opción que tenemos es vaciarlo. Si queremos incorporar una nueva visión de la realidad, hay que sacar la antigua visión, para permitir que entre otra renovada.

Eso es lo que se hace en los procesos de coaching ejecutivo en las organizaciones que quieren seguir creciendo y haciendo de su realidad, un entorno más amable, más humano, más real: eliminar lo viejo para dejar que entre lo nuevo.

Estos procesos de coaching no son una metodología única ni exclusiva en estos entornos. La formación en determinadas habilidades y conocimientos es el método más extendido en estos casos. Si  hay carencia de conocimiento, es muy importante paliarlo con la formación.   Ahora bien, el conocimiento por sí solo no es garantía de sabiduría. El conocimiento llevado a la experiencia, sí.

Y aquí es donde entra el coaching ejecutivo: llevar a experiencia un conocimiento nuevo (en el ámbito que sea) requiere salir de la zona de confort, de lo conocido. Requiere mirar la cara a los miedos y ser capaz de avanzar con ellos. Es aquí donde el coach acompaña al directivo para desbloquear esos miedos y que pueda hacer cosas de manera diferente a como las hizo hasta ese momento.   Crecer como personas, para que la organización pueda crecer como grupo.

Caso 2: “No sé cómo salir de esta situación. Quiero probar el coaching ejecutivo (a ver si algo me funciona …)”

Esta es la otra cara de la moneda. Organizaciones (en general) o personas (en particular) que han “entrado en barrena” y no saben cómo salir de la situación.   La realidad es repuesta y todo lo que vemos fuera de nosotros es un reflejo de lo que sucede dentro.

Cuando un directivo está pasando por un momento en el que “todo le sale mal”, se encuentra “cargado” y el estrés y la ansiedad le superan, es el momento de solicitar el servicio de un profesional que le acompañe para salir de la cueva donde se encuentra.   Estando a oscuras, metido en un agujero, es imposible salir solo, básicamente, porque no se ve nada. Eso es lo que les ocurre a miles y miles de directivos: solo ven la presión del día y la falta de resultados (a pesar de preparación, esfuerzo, dedicación y talento), sintiendo un enorme peso sobre sus espaldas.   Ahí es donde alguien, desde fuera de “esa cueva” puede guiarle para soltar toda esa carga que le impide avanzar.

No obstante, es muy frecuente ver en las organizaciones que el problema no es un problema aislado, sino más generalizado: si las divisiones entre directivos y los “reinos de taifas” se han hecho fuertes, o si la convivencia entre ellos se ha vuelto insoportable, es el momento de introducir el trabajo individual y/o grupal del coach para desbloquear esa situación.   Ya sea en esa situación de crecimiento, o en la de “barrena”, hay una premisa clave: debe existir la voluntad, de iniciar el proceso de coaching.

Los directivos y mandos intermedios (los coachees) son los que deben solicitar ese servicio y estar dispuestos a abrirse de corazón, participando y mostrando lo que pasa en su interior.

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