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Todo líder tiene un propósito. 3 claves para encontrarlo

“En pocas palabras, un líder es un hombre que sabe adónde quiere ir, se pone de pie y va” Entre las casi incontables maneras de definir a un líder, personalmente me quedo con esta frase de J. Erskine que, de manera sencilla y contundente, define la esencia de lo que representa un líder. Un líder no posee cualidades que el resto de los mortales no posea; la diferencia es que en algún momento ha “encontrado” un propósito que le sirve para focalizar toda su energía y que actúa al igual que un faro el mar, guiando el fin que encauza cada uno de sus pasos. A partir de ese momento y de manera más o menos consciente, decide que no desea apartarse de ese camino hasta que vea su propósito cumplido. “En el fondo, el propósito de una vida es una vida con propósito” En algunos casos el propósito es grandioso: Ghandi y su liberación del pueblo del pueblo indio, con millones de seguidores y un impacto global en la historia de la humanidad. Nelson Mandela y su lucha contra el apartheid, aun a costa de su libertad. Martin Luther King, y su lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, aun a costa de su vida. Madre Teresa de Calcula, y su constante lucha por los menos favorecidos de India. Propósitos tan memorables como inspiradores. De hecho, en estos casos en los que seguir estos propósitos ha colocado a las personas en condiciones de vida muy duras, o incluso les llevaron a la muerte, cabe la pregunta de si el hombre es el que tiene el propósito o el propósito es el que “atrapa” al hombre. Lo que está claro es que quien siente una llamada tan fuerte que aun a pesar de lo que le puede suceder decide continuar hacia su llamado, vivirá una vida plena. Pero no todos estamos llamados a tener propósitos tan “elevados”. De hecho, la pregunta es ¿quién define lo que es “elevado” y lo que no? “No por más “común”, el propósito de una vida es menos grande” En la inmensa mayoría de los casos, el propósito es “común”; tanto que, quizá, hasta pasa completamente desapercibido a la persona que lo tiene, sin realmente, saber que lo tiene. Son ese tipo de personas “especiales”, que se detectan desde el primer momento en que entras en contacto con ellas. ¿Y cómo se “detecta” a estas personas? ¿Por sus palabras? ¿Por sus grandes “discursos”? Jamás. Se delatan por sus hechos. Por la manera en la que hacen o no hacen. Por su autenticidad y coherencia radical. Por la energía que emanan. Piensa en el empleado de esa tienda de ropa que se vuelca en atender a los clientes, aconsejándoles qué es lo que realmente les sienta bien, aun a costa de no hacer una venta. O el mensajero que entrega los paquetes a tiempo, de manera amable, sabiendo que le alegrará el día a alguien que lo recibe (quién sabe… un regalo, o un libro que ansía comenzar a leer, o las primeras tarjetas de la nueva empresa que ha constituido…). O la dueña de la floristería que prepara con mimo cada uno de los ramos de flores que vende, poniendo su alma en cada creación. Se descubre a las personas que tienen un propósito por su sonrisa amable, genuina, que nos suelen regalar en cada una de nuestras interacciones con ellas. Nada que hayan aprendido en un curso sobre atención al cliente o practicado delante de un espejo cientos de veces. Su autenticidad se huele a kilómetros y transmite honestidad, sea cual sea la ocupación que desempeñan. Sólo el que brilla desde dentro puede ser luz hacia fuera y solo el que ilumina, sin ser ese su fin, es el que atrae a otros con su autenticidad. De aquí la cualidad que probablemente defina a un propósito: sea cual sea el propósito, llena la vida de la persona. “Cuando te “posicionas”, posicionas tu corazón” Hace poco, pedía a todos los asistentes en una conferencia que señalasen con el dedo índice de su mano hacia arriba, hacia un lado, hacia delante y, finalmente, hacia sí mismos. Todos, sin excepción, señalaron hacia su corazón. A pesar del “pienso, luego existo”, que tantas veces hemos escuchado, resulta que lo que nos “posiciona” es nuestro corazón. Nuestra esencia nos define. Nuestra mente, no. Por eso, todo lo que nace de manera genuina, es lo que nace de nuestro corazón. El propósito de tu vida toca tu “corazón”: cuando lo sientes, es un bálsamo para cualquier preocupación o mal momento, puesto que tener un propósito no te va a librar de momentos amargos o dolorosos, pero sí hará que no se te quiten las ganas de continuar andando, como decía la primera frase de este post, allá hacia donde quieras ir. Hace tiempo (no mucho) creía que la actitud era más importante de las cualidades; hoy creo que el propósito viene antes que la actitud y por lo tanto, sin éste, no es posible aquella. Piensa en ti: ¿qué ocurre cuando tienes un propósito claro (por “común” que parezca) en un área de tu vida? ¿Acaso ese propósito no te hace moverte como “sin enterarte”, de manera automática? ¿No eres capaz de hacer cosas que de otra manera postergabas o te parecían imposibles? La actitud es clave, pero el propósito lo es más puesto que, sin un propósito, lo que se experimenta es confusión. “Por muy diferentes que sean, todos los líderes (sin excepción) tienen un propósito” Todos, sin excepción alguna, tenemos un propósito único en esta existencia y unos dones y virtudes que nos acompañan. Sin excepción. Por lo tanto, todos nosotros somos líderes en potencia de nuestra propia vida. Sin embargo, es muy poco común encontrar a alguien que, de manera clara, sea consciente de para qué está en este mundo. De cuál es su propósito. De hecho, no más de un 3% de las personas te puede enunciar cuál es su propósito. Curioso, cuando un propósito llena la vida de la persona a la cual sirve. Por simple estadística, lo más probable que tú no conozcas ese propósito. ¿Y qué hago para encontrarlo? Para finalizar este post, te voy a dejar tres “pistas” para responder a la pregunta anterior:

  1. Pregúntate qué haces cuando no haces. ¿A qué te dedicas cuando estás fuera de tus ocupaciones habituales? Cuando realmente tienes el tiempo para hacer lo que deseas… ¿En qué cosas “no-necesarias” para ti inviertes tu dinero?
  2. No busques: deja que tu propósito te encuentre. A veces el propósito aparece en el instante que menos te lo esperas, de manera sutil, sin buscarlo. Es una especie de “revelación” de la que solo serás consciente si tu actitud es la de estar permanentemente atento a lo que te sucede.
  3. Que tu propósito sirva a los demás. Sea cual sea, tu propósito tendrá una componente de servicio para los demás, en aquello en lo que muestres tus dones y talentos.
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